domingo 28 de agosto de 2011

Editorial



¿EL CONTROL DEL TRANSITO ES HEMIPLÉJICO?


Hice un gesto de fastidio cuando, por undécima vez apareció en el noticiero televisivo el jerarca de la dependencia pública (una más) encargada del control del tránsito.
Aburridoramente una vez más se anunciaban los rigurosos controles en cuanto a los niveles del alcohol en los conductores, pregonándose una "tolerancia cero" para cualquier infracción en este sentido.
Obviamente, no es que me parezca mal que se controle y se sancione a quienes conduzcan afectados por el alcohol, si bien me parece un exceso que no se pueda manejar después de haber bebido dos cervezas, una copa de vino o champagne o un whisky, por dar algún ejemplo.
Pero siempre veo que los controles se realizan sobre conductores de vehículos particulares, fundamentalmente aquellos que tuvieron la mala idea de salir a divertirse un viernes o sábado de noche tarde o de madrugada.
¿Saben ustedes a cuántos conductores de ómnibus, camiones, camionetas, taxis, remises, vehículos oficiales y otros similares se ha sancionado o retirado el carnet de conducir por estas causas?
¿Conocen cuántos carritos tirados por caballos han sido retirados de circulación por esa misma razón?
Yo no lo sé y tampoco los locuaces y televisivos jerarcas se refieren a ello.
Pensemos ahora en cuántas otras personas no han bebido, pero están bajo el efecto de estimulantes, anfetaminas, marihuana, cocaína, heroína y otros tipos de sustancias tóxicas. ¿No pueden ser más peligrosos que quién bebió una o dos copas de alcohol? ¿Se les controla?
Pero, además, si la severidad con los particulares es cada vez mayor. ¿No debería serlo también con todos los funcionarios y reparticiones públicas que no cumplen con sus obligaciones para prevenir accidentes?
¿Cuántas obras en la vía pública están debidamente señalizadas como marca la reglamentación?
¿Cuántos cordones de canteros centrales se encuentran debidamente pintados reflectivamente para advertir de su presencia al conductor?
¿Cuántas "cebras" o cruces peatonales se encuentran debidamente indicados y pintados?
¿Cuántas esquinas peligrosas cuentan con el alumbrado público adecuado para el riesgo que significan?
¿ Qué medidas de control se realiza respecto a bicicletas, otros birrodados y vehículos de tracción o sangre o animal que circulan sin luces o en contravención a las reglas del tránsito?
¿Cuántos vehículos circulan sin estar en las mínimas condiciones técnicas de hacerlo?
¿Por qué no se exige el seguro obligatorio y sanciona su carencia?
¿Cuántos refugios peatonales o "paletas" publicitarias o contenedores de residuos han sido debidamente emplazados de forma de no obstaculizar o directamente impedir la visibilidad de quién va a realizar un cruce para advertir la proximidad de otro vehículo?
¿A cuántos funcionarios o jerarcas municipales se ha sancionado porque si caen dos gotas algunos semáforos dejan de funcionar por no tener el mantenimiento adecuado?
A estas preguntas no responden los reiterados entrevistados.
Todos estos factores deberían ser atendidos, pero no lo son.
Todos estos problemas deberían ser motivo de preocupación y ocupación de los recurrentes protagonistas del noticiero televisivo.
Muchos de estos aspectos implican un peligro mucho mayor que quién tomó un mínimo de alcohol.
No obstante, parece ser que la acción represiva se limita al mencionado tema del alcohol, al exceso de velocidad, al uso del celular o al estacionamiento indebido.
Un enfoque fácil y hemipléjico del control, sin encarar todo el tema en forma global y seria.

viernes 29 de octubre de 2010

Editorial

LA DES-INGENIERÍA DEL TRÁNSITO

¿Es tan difícil? ¿Se necesitan genios? ¿No hay preparación suficiente en el país? Esto último no sería de extrañar teniendo en cuenta el divorcio existente entre nuestro sistema educativo y la realidad.
Pero estas preguntas vienen a cuento de lo que vemos y sufrimos todos los días en las
calles y carreteras de nuestro bendito Uruguay.

¿Es tan difícil coordinar semáforos en la rambla (costanera) y en las principales
avenidas para que no suceda que ni bien reiniciamos la marcha cuando un semáforo nos
habilita debamos nuevamente deternernos en el próximo? ¿Que pasaría si en lugar de nuestro sistema de semáforos bastante simple tuviéramos uno de mega semáforos como el de la foto?

¿Es tan difícil suprimir las "cebras" en plena rambla- sustituyéndolas por puentes
sobreelevados que ya existieron - para que ante un sólo peatón indolente y parsimonioso no deban detenerse decenas de vehículos?

¿Se necesitan genios para darse cuenta de que no basta hacer un colector perimetral (que debió construirse hace años), ni con inaugurarlo a toda la fanfarria si después el alumbrado de varios cruces (en zonas no muy seguras como Instrucciones, Camino Mendoza, etc) esté apagado en la noche, con lo que el conductor tiene dos opciones: o se detiene en el semáforo y está "regalado" o sigue de largo y comete una infracción?
¿Se necesitan genios para darse cuenta de que el alumbrado del tramo de la Ruta 102 entre la Ruta 8 y el Aeropuerto no puede estar sin funcionar en la noche por la oscuridad de la zona y por la cantidad de peatones, bicicletas y motos sin luz alguna
que circulan por ese tramo?

¿No hay preparación suficiente en el país para que la policía caminera en lugar de esperar con el radar a un vehículo de buen estatus que se pasó el límite de velocidad empiece a detener a los que no tienen luz de freno, disparidad o inexistencia de los
focos delanteros, luces altas excesivamente potentes que encandilan a doquier, exceso de emisiones, etc.?

¿No hay preparación suficiente en el país para que los guardias de tránsito municipales y la policía de tránsito dejen de emboscar con los radares y penalicen un mínimo exceso del límite de velocidad en plena rambla, en lugar de identificar a los
verdaderos "peligros" que andan conduciendo y a los que nunca debió otorgárseles la libreta de conducir? A esos mismos que tienen el carnet gracias a la corrupción de alguna academia de choferes y del funcionario municipal que toma el examen. A esos - y sobre todo "esas" (Ahh, machista!)- que van imperturbables por la izquierda a 40 Km/hora teniendo atrás una fila interminable de otros vehículos.

¿Es tan difícil ser riguroso con los "profesionales" del tránsito: conductores de buses, taxistas y remiseros que hacen lo que se les antoja con total impunidad?
Resulta que el carril exclusivo para buses es sólo para multar al automovilista que los invade, pero que los buses prepoteen por todas las otras sendas no merece ninguna sanción.
¿Se necesitan genios en la Dirección de Tránsito de la Intendencia Municipal de Montevideo para darse cuenta que deben tener una guardia permanente de inspectores que concurra de inmediato a los lugares en que se producen accidentes para reordenar y normalizar el tránsito?
¿No hay preparación suficiente para ser exigente y cumplir con la reglamentación de señalización de obras en la vía pública para no encontrarse de sopetón con algún obstáculo casi insalvable o muy peligroso de eludir?
Sin un relevamiento exhaustivo (lo que debería hacerse por las autoridades y me juego a que no lo han hecho) me atrevo a decir que más de un 80% de las obras que se hacen en la capital no están señalizadas como indica la norma.
¿Y que me dicen de los barrenderos que ponen unos conos señalizadores de cualquier forma y se ponen a hacer sus tareas sobre el cordón central de la rambla, en pleno Pocitos y en horas de tráfico intenso? ¡Increíble!
De semáforos a los que les caen dos gotas en los días de lluvia y dejan de funcionar, las cebras y "lomos de burro" despintados, ausencia de cartelería indicadora, falta de chapas y números en las calles, refugios peatonales y paletas publicitarias que
ostaculizan la visión en las intersecciones, de eso, mejor ni hablamos.

¿Será que la pomposa Unidad de Seguridad Vial cuyos jerarcas aparecen todos los días en la televisión haciendo sesudas declaraciones no tiene gente que ande en la calle?
¡Cuanta omisión! ¡Qué ineptitud!

lunes 9 de agosto de 2010

Editorial

ESA SEÑORA TAN OLVIDADA: LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL
Quienes creemos en el individuo como el fin supremo y último, también afirmamos que la contrapartida del libre albedrío es asumir la responsabilidad por los actos y omisiones propias.
Pero, en este mundo cojitranco en el que vivimos, nadie es responsable de nada.En el caso de malos resultados o de la ausencia de éstos, la culpa siempre es de otro. Nunca propia.
Abundan los ejemplos, pero para no irnos por las ramas, refirámos al tránsito y al control del mismo. Si alguien tiene un choque, ¿qué es lo más usual de escuchar cuando preguntamos qué pasó?, la respuesta que gana lejos es "¡Me chocaron!". La que menos se escucha es "Choqué y tuve la culpa yo".
Si se le pregunta a alguna autoridad municial por qué el tránsito es un caos, cada vez más lento y trabado, el catálogo de respuestas es parecido: "los gobiernos anteriores...", "la escasez de funcionarios...", "la falta de presupuesto, etc." Nunca se escuchará: "nuestra falta de gerenciamiento" o "nuestra lentitud para realizar cambios..." ¡Faltaba más! ¡Sería como hacerse el hara-kiri delante de las cámaras de televisión!
Entonces, unos señores muy adustos que seguramente se estudian el personaje antes de salir de su casa, lo multarán hoy o mañana por: no llevar puesto el cinturón de seguridad, circular sin haber encendido las luces del vehículo, por exceso de velocidad (sobre todo si son las dos de la mañana y por la avenida no anda ni un alma), por pasarse una luz amarilla en un cruce, por hablar por el celular conduciendo o por parar unos minutos en doble fila.
Lo más probable es que eso le pase si anda por la Rambla o por alguna calle del centro o la ciudad vieja, siempre que usted sea un ciudadano de clase media, de esos nabos de siempre que paga sus impuestos, que tiene un vehículo más o menos normal ( y la probabilidad aumentará en forma directamente proporcional al valor del mismo), que utiliza el vehículo para trabajar y aunque la infracción no haya puesto en riesgo la vida ni la integridad de nadie.
Emboscados y al acecho, ellos serán inflexibles y después del aplicarle el código lo dejarán a usted con unos cuantos grados más que la temperatura ambiente.
No porque lo que acabamos de señalar como ejemplos no sean infracciones y no merezcan ser sancionados, sino porque usted está podrido de ver cómo los ómnibus de transporte colectivo se agarran todo el ancho de 18 de Julio haciendo cualquier barbaridad; cómo algunos taxímetros se estacionan en cualquier lado, cuando se les da la gana, para dejar o levantar pasajeros; cómo los carritos paran frente a los contenedores, pero del lado de la calle y dejan un angosto pasaje que estrangula el tránsito de los que intentan pasar; cómo las bicicletas y muchas motocicletas van a contramano por cualquier calle o por encima de la vereda y usted tiene que andarlas esquivando.
Usted está harto de que, lejos del centro, por el Cerro, Piedras Blancas, Punta de Rieles, Paso de la Arena y otros barrios, el catálogo de "cosas" que andan circulando y que alguna vez pudieron llamarse vehículos, nunca pasaron ni por la esquina de donde se hacen las inspecciones vehículares, no tienen ni sombra del autoadhesivo que indica que cumplen con la contratación obligatoria del seguro contra terceros, no tienen luces de freno y a veces directamente no tienen luces, son un riesgo cierto y tangible para la vida de la gente sin que pase nada.
Una ceguera selectiva se ha apoderado de estos guardias de tránsito que, a pesar de las poses que adoptan no se han sabido ganar ni el respeto ni la consideración de la población. Demostrativo de esto es lo que el lenguaje popular utiliza para denominarlos: "chanchos", "ratas" y otras linduras. ¿Es de ellos la culpa? Creo que en parte sí, pero mucho más culpa es de quién no les imparte instrucciones para que el control se haga en forma igualitaria y donde una pretendida pobreza no sirva de excusa para evadir la norma. Ni la pobreza de un carrito o de un auto destartalado ni la presión del sindicato o la cooperativa que están atrás del ómnibus o del taxi.
Así, cada uno sería más responsable de sus propios actos, pero un marco de justicia y no de una discriminación irritante que nada arregla, que nada corrije, que nada ordena.
A propósito, además de multando, sería bueno verlos alguna vez, colaborando para destrancar un embotellamiento, deteniendo a un conductor inepto para educarlo o demorando a un imprudente para darle una lección que no sea sólo pecuniaria. Tal vez, si comenzaran a actuar de esta manera, se ganarían legítimamente la dignidad que su función merece y que no se alcanza con usar lentes oscuros o adoptar postura de gallo.

viernes 3 de abril de 2009

Editorial


LOS PASOS DE FRONTERA

El sentido integracionista de los mercosurianos da lástima.
Se supone que el Acuerdo de Recife, de alcance parcial para la facilitación del comercio, suscrito en el año 2000, establecía la creación de los controles integrados, migratorios y aduaneros, para los países miembros del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Referido al tránsito de las personas nacionales entre los países y, salvo excepciones (algunos pasos con la Argentina en los puentes y en tránsito pluvial Montevideo-Buenos Aires, Colonia-Buenos Aires, etc) aún seguimos con ejemplos increíbles de entorpecimientos y molestias.
A la entrada de Rivera funcionaban juntas las oficinas de Migración uruguaya y la brasileña. A esto había que agregar el paso por las Aduanas de los dos países que quedan en otros lugares, en las afueras de Rivera y de Santa do Livramento. Si todo estuviera en un local, las molestias serían mucho menores. Hacer como se hace en el pasaje de Salto-Concordia: cuando uno cruza desde Uruguay a Argentina, las dos autoridades están del lado uruguayo y hacen los controles. Cuando uno cruza desde Argentina a Uruguay, el control unificado se hace del lado argentino. ¿Simple, no? Bueno, en determinado momento Brasil sacó a Migraciones del local donde funcionaba junto con la oficina uruguaya y la llevó bien adentro de Santa Ana do Livramento, lo que hace que el viajero que va por vía terrestre en auto o moto, deba detenerse en 4 lugares diferentes para hacer 4 trámites.
En Chuy-Chuí, es lo mismo. Donde funcionaba Aduanas Brasileña lo hacía también Migraciones, por lo que había que hacer dos paradas. Una para el control uruguayo de Migración y Aduanas y otra para el control brasileño de Migración y Aduanas. Por una genialidad burocrática, el control brasileño de Migración se trasladó a una sede de la Policía Federal ubicada en Santa Vitória do Palmar. ¡Bien adentro de Santa Vitória! Una calle principal llena de lomadas más la tradicional “agilidad” de los funcionarios brasileños de la Policía Federal asegura que el viajero pierda entre 20 y 40 minutos de forma totalmente innecesaria.
Parece ser que esta aberración se iba a corregir a partir del día de hoy, en que Migraciones iba a ser trasladada de nuevo a su antigua ubicación, junto a la Aduana brasileña, en las afueras de Chuí (Brasil). O sea, de adelante para atrás y de atrás para adelante.
¡Qué poco criterio! ¡Qué atropello a la razón!
Esta agresión gratuita de la burocracia y de la incapacidad política a los ciudadanos comunes no debería existir.
Todavía después tenemos que soportar los grandilocuentes discursos de las cumbres presidenciales acerca del espíritu de integración de los pueblos latinoamericanos.
¡Menos palabrerío y más cosas prácticas para facilitarle la vida a la gente, señores!
Puede ser que así todos nos tomemos esto de la integración más en serio.

miércoles 12 de noviembre de 2008

Editorial

MONTEVIDEO MOTOR SHOW 2008

Acaba de llevarse a cabo en el Parque de Exposiciones del Laboratorio Tecnológico del Uruguay, Montevideo, una nueva Edición de la exposición de vehículos denominada Montevideo Motor Show 2008.
Ha sido muy grato para nosotros visitar esa exposición que se agranda y mejora año a año.
En esta oportunidad, a los diferentes modelos de autos, camionetas, camiones, embarcaciones y otros vehículos, debe señalarse una presencia muy significativa – la mayor hasta ahora – de las principales marcas de motocicletas existentes en nuestro país. Naturalmente que, salvando las distancias que seguramente existen con otras afamadas exposiciones internacionales que se realizan en el mundo, creo que el nivel de la nuestra ha sido muy bueno, con una cuidada presentación de los diferentes vehículos y una mejora notoria en la decoración y producción de los stands. En la muestra de motos que, hace algún tiempo fuera liderada por la marca Harley Davidson, se fue agregando paulatinamente la presencia de marcas como Suzuki, Kawasaki y Honda, y este año aparecieron novedades como la Buell, Moto Guzzi y Aprilia, así como también marcas de motos de origen chino, de venta masiva.
Se notó la ausencia de Yamaha, KTM y de BMW. Seguramente y dado el éxito de la muestra, los responsables de estas ausencias se deben estar arrepintiendo y corregirán el error en próximas ediciones.
Las máquinas presentadas lucían muy bien y permanecieron siempre rodeadas de los entusiastas de las dos ruedas. En definitiva un evento muy recomendable y al que aguardaremos, con gran expectativa, el próximo año.

viernes 17 de octubre de 2008

Editorial

NOVEDADES PARA PROTEGERSE
Una pregunta recurrente que ustedes se habrán hecho alguna vez y que también hemos escuchado de algún amigo, es: “¿Pero ustedes llevan algo que los proteja en un accidente?”
Naturalmente que los motociclistas sabemos que llevar una indumentaria adecuada es tan indispensable como el cinturón de seguridad para el automovilista, pero, más allá de las protecciones y los nuevos materiales que sin duda han significado un gran avance, creemos que la pregunta apuntaba a algo más. Algo atinente a lo que nos rodea, porque es conocido el viejo dicho, referido al motociclista: “¡Hey. No te olvides que la carrocería sós vos!”.
En todo caso, cascos de buena calidad, guantes con protecciones de kevlar, camperas, pantalones que también las contienen en hombros, espalda, codos, rodillas y caderas, y botas en la misma sintonía, son hoy de uso conocido y corriente entre motociclistas que realizan viajes frecuentes.
No es tan cómodo ni usual que alguien se coloque todo ese equipamiento para las vueltas en ciudad, pero el uso de casco, guantes y botas se mantiene como una constante.
Lo cierto es que tanto las fábricas de motos como de indumentaria no se han olvidado del tema.
Ya en 2005, la Honda incorporó un sistema de air bag que instaló en la Honda Goldwing, sobre todo apuntando a la eventualidad de un choque frontal.
El sistema está en el vehículo, en forma similar a lo que sucede con los automóviles.
Mucho más novedoso es lo que acaba de hacer la prestigiosa marca de indumentaria y accesorios Dainese, que ha lanzado su producto y que – en forma no deliberada – fue testeado por Marco Simoncelli en la categoría de 250 cc en el Gran Premio de Valencia.
Se trata del sistema air bag D-Air que, en su denominación para competencia, es el D-Air Racing System.
Daniese viene desarrollando este proyecto desde 1996 y en ello ha trabajado intensamente el Dainese Technology Center.
Se trata de un sistema que viene incorporado en las aerodinámicas chaquetas de cuero de los corredores y que, fundamentalmente, protege los hombros, la espalda, el pecho y el cuello.
No tiene ningún tipo de cable o conexión a la motocicleta y es manejado por un sofisticado sistema de acelerómetros y giroscopios que, ante una caída, producen señales que una interpretación algorítmica de datos hace que disparen el inflado del sistema. Esto se produce en unos 40 milisegundos.
En el caso de Simoncelli, funcionó perfectamente, y el competidor no recibió ninguna lesión a causa de la caída.
Si bien, por lo que hemos podido ver en el actual catálogo de Dainese, el equipo aún no se comercializa masivamente, no abrigamos duda de que, en breve, tendremos esta posibilidad en el mercado.
Creemos que es una muy buena noticia ya que tanto los fabricantes de motocicletas como los de vestimenta y accesorios, están dando señales de que el tema los preocupa y que están procurando aumentar las condiciones de seguridad de los motociclistas.

lunes 22 de septiembre de 2008

Editorial

UNA TRAGEDIA TERRIBLE Y
UNA ENSEÑANZA
“Comento esto porque lo viví muy de cerca y realmente me afecta muy profundo. No cometamos el error de pensar que esto no me va a pasar a mí.
Muchas veces ponemos en riesgo nuestras vidas y la de otros incitándolos a correr más lejos de los límites de cada uno.
Me siento en parte, responsable, por la vida de esta persona ya que quizás por una acción mía de acelerar un poco de más, induje a mis compañeros a hacer lo mismo con el resultado de un trágico suceso.
César González, 35 años, esposo y padre de dos criaturas de 3 y 7 años. Lo conocí la mañana del 20 de setiembre del 2008, menos de 24 horas después yace en el cementerio del Buceo. Da para pensar que las últimas palabras que crucé con él esa mañana antes de ponernos el casco serían sus últimas.
Yo tuve un accidente menor y sé que en el instante del accidente que es menos de un segundo, te pasan por la cabeza miles de pensamientos y todos son sobre tu familia. Creo saber que el último sentimiento de César es el dolor de no poder despedirse por última vez de sus hijos y seres queridos.
Espero aprender de esta vivencia y que todos lo hagamos... Nosotros somos responsables de todo el grupo y lo importante es ir y volver sanos y poder reencontrarnos con nuestros seres queridos... la velocidad no nos va a hacer mejores personas.
Un abrazo al compañero César y a todos”

Este conmovedor mail que recibí de mi amigo Fernando en el día de hoy, nos hará pensar bastante a todos.

César Andrés González, viajaba con un grupo de amigos en su Yamaha 1.000cc. para participar en un encuentro motociclístico en Punta del Este. Al llegar al kilómetro 93 de la ruta Interbalnearia, perdió el control de la moto que, luego de impactar contra un poste de hormigón cayó en la parte baja de un terraplén, sobre la vía férrea.
Este joven colega murió instantáneamente a raíz de las lesiones recibidas.
Todos los que sentimos la pasión de las dos ruedas nos acongojamos por la noticia. Las palabras de Fernando, testigo presencial del hecho, son por demás elocuentes.Las motos y la velocidad pueden cobrarse su precio en un instante. A veces, como en este caso, el precio es demasiado caro.No conocimos a César, pero es como si lo hubiéramos hecho. Espero que se sume a la legión que, desde otros espacios, cuida por nosotros.Pero como dice Fernando en una frase que no olvidaré, “la velocidad no nos va hacer mejores personas”.
Aunque a veces la excitación y la emoción de enroscar el puño un poco más nos incite y nos llame, pensemos en todo lo que podemos dejar atrás.
Que imaginar la tristeza y el vacío que podamos dejarle a nuestros seres queridos, nos haga ser más prudentes.
A los familiares y amigos de César el más afectuoso saludo de apoyo y solidaridad de las Águilas Charrúas.