Cuando yo era niño mi padre hablaba de la Policía Caminera con admiración.
Esos caballeros de la ruta, con sus impecables uniformes, sus poderosas máquinas y su gesto correcto y firme del que emanaba una indiscutible autoridad. Debo confesar que a lo largo de los años esa imagen, que yo también asumí durante mucho tiempo, se me ha ido difuminando.
Hoy creo que es mucho más lo que no hacen que lo que hacen, si bien debo reconocer – incluso por alguna vivencia propia – su disposición a prestar ayuda y colaboración en caso de un accidente en la ruta.
Después los he visto, las más de las veces, cerca de sus unidades, sin ninguna participación activa salvo la disuasión que su presencia pueda infundir a los imprudentes, y las menos, agazapados atrás del radar para multar los excesos de velocidad.
Sin embargo, tengo unos cuantos kilómetros conduciendo todo tipo de vehículos y desde hace unos cuantos años a esta parte no los he visto desarrollar una labor educativa y preventiva que, seguramente, evitaría muchos accidentes y el lamentable saldo de heridos y muertos que traen aparejados.
Mi experiencia es que es tanto o más peligroso que quien conduce a excesiva velocidad – y conste que no me refiero al que va a 80 km en zona de 60 km sino al que realmente lleva exceso de velocidad – es aquel que conduce con extremada lentitud y muchas veces por el carril izquierdo.
Nunca, repito, nunca he visto que a uno de esos ineptos, que obliga a otros a hacer maniobras arriesgadas para sobrepasarlo, se le haya detenido para tratar de concientizarlo y enseñarle del peligro de su proceder. Hoy no llevar las luces de freno en condiciones es sencillamente criminal.
A usted lector ¿Cuándo fue que le hicieron un control rutinario de las luces de freno de su vehículo? Si usted circula por la Ruta Interbalnearia de noche estará cansado de soportar a los imbéciles que transitan en sentido contrario con las luces largas encendidas, encandilando a todo el que viene de frente porque no existen protecciones visuales en el cantero central y que son inmunes a los reiterados cambios de luces que usted les hace para que las bajen.
Parece que eso es corriente y está admitido. No hay un solo cartel que invite a no encandilar. Parece que esto ya no es causa de accidentes. ¿Y los que se detienen en el medio de la carretera para doblar a la izquierda como sucede en el tramo que va desde el Aeropuerto hasta el Pinar? ¿Y los que entran a la ruta desde los balnearios sin considerar la velocidad que traen los coches que se acercan? ¿Y los autos con una sola luz delantera, o con luces notoriamente descalibradas que apuntan para cualquier lado? ¿Y los birodados sin luces? ¿Y…? Parece también que se ha puesto de moda una especie de “impunidad social”. Cuanto más destartalado y antiguo sea el vehículo menor probabilidad tendrá de ser observado o sancionado.
Por otra parte, no quiero hacerme eco de ciertas versiones que me han dado turistas argentinos de la aceptación de alguna propina por parte de algún efectivo. No me consta y en más de 40 años de conducir nunca tuve una insinuación de esa naturaleza.
Prefiero pensar que, de así haber ocurrido, es sólo una excepción que lesiona la honorabilidad de una gran institución. Estamos a tiempo. Me gustaría recobrar a plenitud la mejor imagen de nuestra Policía Caminera. Está en condiciones de proporcionar una muy valiosa contribución a la reducción de accidentes. No solo multando. Una detención de media hora para que el conductor “reflexione” es, a veces, mucho mejor sanción que una boleta.
Un rezongo a tiempo, una advertencia y la prohibición de circulación para aquellos vehículos que no estén en condiciones serían algunas medidas que - a nuestro juicio - resultarían efectivas.
En suma, una actitud más activa y ordenadora, más vigilante y educadora, son algunas cosas que esperamos de nuestra Policía Caminera.
