martes, 6 de marzo de 2007

Editorial


A CUIDARSE


El descenso del precio de las motos en nuestro medio, sobre todo de baja cilindrada y de origen chino, ha provocado un boom de ventas impresionante. Sólo para las fiestas tradicionales se estimó una venta de casi 90.000 motos. Si tenemos en cuenta que muchos de estos compradores habrán tenido una unidad usada que, a su vez, habrá ido también al mercado secundario, es obvio que existe una enorme cantidad de gente que se ha subido a una moto por primera vez y hoy está circulando.
No hablemos de algunos chicos de los delivery que, sencillamente, son suicidas buscando la muerte o una grave mutilación, centrémonos en la profileración de birrodados motorizados que hoy existe en nuestras ciudades.
De lo primero que parece no haber conciencia, es de la vulnerabilidad que implica ser uno mismo la carrocería del vehículo. Cantidad de motociclistas no usan casco (sobre todo en el interior de nuestro país) y ni que hablar de ropas adecuadas, que los protejan de una caída.
Cuando empecé a andar en moto, leí en una revista que la ropa es a un motociclista lo que el cinturón de seguridad a un automovilista y me pareció exagerado. Después que tuve una caída en que mis jeans quedaron reducidos a jirones y demoró casi ocho meses en irse el asfalto que había penetrado en la carne de mi pierna derecha, me convencí de que quien que había escrito aquello sabía de lo que hablaba.
Las maniobras en zigzag entre los autos, la imprevisión de que una mala maniobra hecha por otro vehículo nos puede llevar al suelo y que corremos serios riesgos de ser atropellados por los que vienen detrás, parecen ser cosas que no pasan por la mente de muchos motociclistas temerarios. La mayoría no tiene máquinas con potencia para “salir” en caso de necesidad, o con buenos frenos, que eviten una colisión. Nada de eso parece importarles. Estar montados en ese corcel de hierro y acero les da una falsa sensación de seguridad.
Es muy importante considerar también que existe una falta de respeto y desaprensión por parte de muchos automovilistas que no miden adecuadamente las consecuencias que puede acarrear para otra vida humana una maniobra realizada por ellos. Estoy aburrido de ver los inmaduros que se ponen a correr si los sobrepaso con mi moto, o de los que hacen “finitos” a motocicletas de baja cilindrada o bicicletas que circulan lenta, pero correctamente, por la derecha. Debemos estar preparados para el error del otro, que es un gigante rodeado de una coraza metálica en contra de nuestra osamenta. Ni los más fuertes son inmunes. Arnold Sachwarzenegger tuvo un accidente cuando conducía su Harley Davidson en enero pasado. Había dicho “Tengo una Harley, y si mi caigo, no tengo miedo de que me duelan los músculos” Como comentó luego un periódico español, no dijo nada de su boca, en la que tuvo que recibir quince puntos. Es notoria la fortaleza física de Arnold, llevaba puesto el casco, iba en una moto de gran solidez , el accidente fue a baja velocidad y la culpa la tuvo el otro. ¿Qué me cuentan?
En este comienzo del año ha habido varios accidentes graves que han involucrado a motos. Algunos con saldo fatal y no siendo los motociclistas los culpables.

Andar en motocicleta es fantástico pero de por sí, ya encierra un riesgo mayor que andar en otros vehículos con mayor protección. Recordémoslo y pongamos cuidado, no sólo por lo que podamos hacer nosotros sino por lo que puedan hacer los demás.