miércoles, 11 de abril de 2007

Editorial


CARRETERAS
Creo que los uruguayos nos hemos acostumbrado a nuestras buenas carreteras. En efecto, con alguna excepción, nuestras principales rutas tienen un estado de aceptable hasta excelente, los que nos permite rodar con ellas con mucha tranquilidad. Como deuda debe ubicarse la mala señalización de obras en ejecución u hombres trabajando. Casi nunca se encuentran con la antelación y visibilidad requeridas tanto reglamentariamente como por el buen sentido. También la pintura reflectiva que demarca el pavimento no se encuentra bien mantenida en todas partes. No obstante, los más memoriosos recordarán que hace unos cuantos años, cuando nos tocaba atravesar la frontera y conducir por carreteras argentinas o brasileñas notábamos la desventaja en que nos encontrábamos frente a sus rutas en buen estado y con abundante señalización. Bueno, sepan que eso ha cambiado y que - con las carencias que hemos apuntado – podemos decir que actualmente la condición de nuestros caminos es notoriamente mejor que la de nuestros vecinos. Tal vez se deba a que el tránsito también es sensiblemente menor, pero lo cierto es que, después de hacer muchos kilómetros por Argentina y Brasil, hemos tenido que andar por carreteras en muy mal estado, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de recorridos turísticos terrestres, en lo que se debería enfatizar el mantenimiento de buenas condiciones. Una excepción que merece la pena mencionarse es la carretera que une Mendoza con San Luis (Ruta 7). Nos tocó en suerte hacerla en la noche y nos llamó la atención encontrarnos con una ruta de dos sendas, totalmente iluminada (solamente en Bélgica habíamos podido disfrutar de carreteras iluminadas) y en excelente estado. Pero la pasada Semana de Turismo nos tocó enfrentar a la BR 101 (Brasil) que, después de Osorio y hasta Florianópolis no solamente está en mal estado, sino que el tránsito- sobre todo de camiones – es infernal. Algo que habla bien es que están en obras y algo que no anima demasiado es que los arreglos ya hechos no le quitan la irregularidad, el bacheo y los sacudones al viaje. Para colmo y como lo relatamos en nuestros “Viajes” llovió intensamente, con lo que el panorama empeoró. Tampoco la “Estrada do Mar” que recorrimos a partir de Tramandaí hasta Torres estaba en buenas condiciones. Fue un alivio volver a nuestras buenas rutas cuando regresamos y ni qué decir de la excelente Interbalnearia (¡Ojalá siga así!) por la que arribamos de nuevo a la Capital.-