
DIVERTIDA
La película cuyo título original es “Wild Hogs” (“Cerdos Salvajes” u otros nombres en castellano) y que algunas carteleras redenominan como “Born to be Wild”, pronto se estrenará en nuestro medio.
La protagonizan John Travolta, Tim Allen, Martin Lawerence y William Macy. Tuvimos la oportunidad de verla y realmente pasamos un momento muy divertido. Se la recomendamos especialmente a los motociclistas y más especialmente aún a los veteranos.
Se trata de cuatro amigos, con profesiones y vidas diferentes, que se reúnen una vez por semana y salen con sus motocicletas. Constituyen un grupo llamado “Wild Hogs” (Cerdos Salvajes) y, por distintas circunstancias personales, deciden hacer un viaje largo por carretera.
La vicisitudes que enfrentan son realmente graciosas, pero, finalmente tienen que enfrentar un trance que los hace crecer como personas y también solidificar su amistad.
Se transforman en ejemplo para una pequeña ciudad y…no les cuento más. ¡Véanla!
Para quienes participamos de la misma pasión, es fácil consustanciarnos con muchas de las escenas de la película. Y aquellos que practican el motociclismo pasando la media centena, se sentirán identificados con muchas de las cosas que suceden en el film, aunque los protagonistas sean más jóvenes.
Al final, nos dejan una sonrisa y algo para comentar con los amigos.
El guión roza temas más amplios. Por ejemplo la realidad que muchos de nosotros hemos tenido que enfrentar, ante la incomprensión de mucha gente por lo que hacemos. “¡¡Andar a 180 km de velocidad en una moto!!” “¡¿Recorrieron 3.000 km en moto?!” “¡¡¡Ustedes están locos!!!”
Eso dicen muchos con una expresión de asombro en el rostro. A nuestras espaldas seguramente dirán que somos inmaduros, inconcientes y todo lo demás.
Naturalmente que para ser motociclista no se necesita andar demasiado rápido (¡Pero que fantástica producción de adrenalina da un poco de velocidad!) o recorrer distancias desmesuradas (¡Pero cuánto crecemos interiormente en esos viajes y cuán marcados nos quedan los recuerdos!). Lo que se necesita es entender eso que los perros conocen tan bien cuando asoman la cabeza por la ventanilla del auto.
En cuanto a la incomprensión y las murmuraciones a nuestras espaldas, nos ocurre algo extraordinario: ¡Nos importa un comino!
Esa magia de la cofradía que hace los preparativos, apronta sus máquinas y sale a devorar kilómetros solo puede comprenderse por aquellos que lo han hecho alguna vez.
Si estás en ese grupo, la película te va a encantar. Si no es así, te recomiendo que no dejes pasar mucho tiempo sin subirte a una moto.
La película cuyo título original es “Wild Hogs” (“Cerdos Salvajes” u otros nombres en castellano) y que algunas carteleras redenominan como “Born to be Wild”, pronto se estrenará en nuestro medio.
La protagonizan John Travolta, Tim Allen, Martin Lawerence y William Macy. Tuvimos la oportunidad de verla y realmente pasamos un momento muy divertido. Se la recomendamos especialmente a los motociclistas y más especialmente aún a los veteranos.
Se trata de cuatro amigos, con profesiones y vidas diferentes, que se reúnen una vez por semana y salen con sus motocicletas. Constituyen un grupo llamado “Wild Hogs” (Cerdos Salvajes) y, por distintas circunstancias personales, deciden hacer un viaje largo por carretera.
La vicisitudes que enfrentan son realmente graciosas, pero, finalmente tienen que enfrentar un trance que los hace crecer como personas y también solidificar su amistad.
Se transforman en ejemplo para una pequeña ciudad y…no les cuento más. ¡Véanla!
Para quienes participamos de la misma pasión, es fácil consustanciarnos con muchas de las escenas de la película. Y aquellos que practican el motociclismo pasando la media centena, se sentirán identificados con muchas de las cosas que suceden en el film, aunque los protagonistas sean más jóvenes.
Al final, nos dejan una sonrisa y algo para comentar con los amigos.
El guión roza temas más amplios. Por ejemplo la realidad que muchos de nosotros hemos tenido que enfrentar, ante la incomprensión de mucha gente por lo que hacemos. “¡¡Andar a 180 km de velocidad en una moto!!” “¡¿Recorrieron 3.000 km en moto?!” “¡¡¡Ustedes están locos!!!”
Eso dicen muchos con una expresión de asombro en el rostro. A nuestras espaldas seguramente dirán que somos inmaduros, inconcientes y todo lo demás.
Naturalmente que para ser motociclista no se necesita andar demasiado rápido (¡Pero que fantástica producción de adrenalina da un poco de velocidad!) o recorrer distancias desmesuradas (¡Pero cuánto crecemos interiormente en esos viajes y cuán marcados nos quedan los recuerdos!). Lo que se necesita es entender eso que los perros conocen tan bien cuando asoman la cabeza por la ventanilla del auto.
En cuanto a la incomprensión y las murmuraciones a nuestras espaldas, nos ocurre algo extraordinario: ¡Nos importa un comino!
Esa magia de la cofradía que hace los preparativos, apronta sus máquinas y sale a devorar kilómetros solo puede comprenderse por aquellos que lo han hecho alguna vez.
Si estás en ese grupo, la película te va a encantar. Si no es así, te recomiendo que no dejes pasar mucho tiempo sin subirte a una moto.