
CONDUCCIÓN NOCTURNA
Desde el comienzo, nuestro grupo adoptó como regla para nuestros viajes, evitar la conducción nocturna. No obstante, muchas veces y por distintas circunstancias hemos llegado a nuestro destino ya avanzada la noche. En lo que me es personal, por haber tenido que viajar de noche en automóvil frecuentemente, hace bastante tiempo que soy reacio a conducir en ese horario por grandes distancias. A algunos de mis amigos les gusta, afirman que hay menos tránsito. “Está más tranquilo”, suelen decir. No obstante, me consta que esa es una sensación engañosa que nos lleva a creer que es más seguro, cuando en realidad, es todo lo contrario. Y si peligroso es conducir un vehículo de cuatro ruedas, mucho más lo es hacerlo uno de dos.
Veamos, creo que hay dos factores fundamentales a tener en cuenta para respaldar nuestras prevenciones: a) la visión nocturna y b) el cansancio o sueño del conductor.
A. LA VISION NOCTURNA. Es obvio que en la noche y en carretera, la visibilidad del conductor se reduce a la zona que ilumina el o los faros de nuestra motocicleta. Fuera de este campo, la percepción de colores, formas y tamaños es muy, pero muy escasa. Podríamos hacer la excepción cuando la iluminación exterior es muy buena, pero en ruta es casi nula y en ciudad estamos muy lejos de los estándares de países desarrollados. Cuanto más vemos más podemos anticipar y si anticipamos seguramente podremos hacer la maniobra adecuada para evitar un accidente. Razonando inversamente, cuanto menos vemos, más expuestos estamos. Las luces. Si la visión depende íntimamente de la o las luces de nuestro vehículo, una primera y primordial preocupación debe ser su revisión y mantenimiento permanente. El control de su regulación y la limpieza es fundamental, así como el llevar siempre bombillas de repuesto.
La visera del casco (y el parabrisas). Dependiendo del modelo de moto, en algunas tendremos un parabrisas y en otras no. En cualquier caso, la limpieza adecuada de estos elementos contribuye a mejorar las condiciones de visibilidad. En ruta es muy probable que los insectos se acumulen, por lo que es conveniente, aunque eso nos retrase un poco, detenernos en una estación de de servicio y proceder a limpiarlos. Si llueve el asunto empeora ya que, al carecer de limpiaparabrisas y aunque los elementos sean de materiales deslizantes, el agua reducirá y distorsionará nuestra visión.
La sorpresa. En cualquier caso, un animal irrumpiendo abruptamente en la ruta, o la aparición de un obstáculo inesperado, entrarán en nuestro campo visual mucho más tarde de lo que harían en horario diurno por lo que también y por consecuencia, se reducirá el margen de reacción disponible.
B. EL CANSANCIO O SUEÑO DEL CONDUCTOR. Está comprobado que la somnolencia está íntimamente ligada a la conducción nocturna por lo que la primera recomendación es que si se tiene sueño no se debe conducir y mucho menos emprender un trayecto largo. Este estado produce la disminución de la capacidad de reacción, la pérdida transitoria de la concentración (lo que puede traducirse en derivar de una mano hacia otra de la carretera o trazar mal una curva). Asimismo puede producirse la aparición de microsueños en los que el conductor prácticamente pierde la conciencia y cuando la recobra lo hace con un sobresalto. En general, cuando se está en esta situación también aumenta la irritabilidad e impaciencia (ansias de llegar) lo que puede traducirse en una conducta más arriesgada en las maniobras y en la marcha, lo que se acentuará cuando se esté cerca del destino.
Recomendaciones. No comer en exceso, no tomar alcohol ni leche caliente, realizar detenciones frecuentes y no relajarse demasiado sobre el vehículo, son algunas de las reglas básicas que debe seguir un conductor prudente para manejar de noche. No conducir seguido por más de dos horas y media y variar la velocidad de la marcha también son rutinas aconsejables cuando comienza a aparecer el cansancio.
“Hipnosis de la ruta”. Este es un fenómeno ligado a la monotonía de la carretera y que provoca la desaparición de la atención, lo que se asocia frecuentemente con accidentes por salidas de la ruta o colisiones frontales.
En resumen, seamos especialmente prudentes con la conducción nocturna. Aprendamos a conocernos y a autoimponernos límites, cuando proseguir la marcha significa asumir un riesgo adicional, casi siempre innecesario. En cualquier caso, creo que hay que tratar de evitar el viaje nocturno. Disfrutaremos mucho más del paisaje y nos cansará mucho menos si lo hacemos con la luz del día.