EL EQUIPAJELa moto tiene alma de mochilera.
Estamos sumergidos en un mundo que se desespera por tener el último modelo de celular, el último modelo de DVD, el último modelo de televisor. Ninguna pareja piensa en casarse sin tener la casa propia, el auto propio y ni qué hablar del equipamiento de la casa. Se terminó aquello de quienes comenzaban esa fantástica aventura de vivir juntos con una cantidad de carencias y con un montón de muebles comprados en un remate, para luego, de a poco, ir completando el hogar con las cosas a lo que aspiraban. Es que también la lucha por alcanzarlas formaba parte del proyecto en común.
Hemos confundido tener con ser y nos parece que somos más si tenemos más. Para algunos eso será verdad hasta que, enfrentados a la despedida final, se den cuenta que así como no trajimos nada cuando vinimos, no nos podremos llevar nada – material claro – cuando nos vayamos.
Esa deformación hace que decenas de veces hayamos llenado nuestras maletas con cosas que ni usamos ni necesitamos en nuestros viajes. Ni que hablar si la travesía es en auto. Iremos incómodos pero pondremos una cantidad de cosas que lo único que harán será ir y volver con nosotros.
Eso no le pasa al mochilero. No le pasa al ciclista transumante, ni tampoco le pasa al motociclista.
Antes de empezar el viaje deberá meditar seriamente lo que va a llevar porque la limitación del espacio le obligará a ello.
Es cierto que muchas motocicletas tienen la posibilidad de ser equipadas con amplias maletas, pero siempre habrá una limitación de espacio.
Ni que hablar si vamos acompañados, porque allí deberemos compartir las posibilidades con nuestro acompañante. Si éste es nuestra novia, esposa o compañera, ya arrancaremos perdiendo porque, es obvio, las damas siempre necesitan más vestimenta y accesorios que nosotros.
Pero lo importante no es nuestra preocupación al arrancar, sino nuestra satisfacción durante el viaje. Allí nos daremos cuenta que nos arreglamos perfectamente con lo que conseguimos llevar y que, en realidad, no necesitábamos más.
En compensación, en lugar de todas las molestias que ocasiona llevar un equipaje excesivo, tendremos más tiempo disponible para apreciar el paisaje, para gozar de un atardecer o para admirar el esplendor de una luna llena.
Sentiremos que es menos importante lo accesorio que nuestro bienestar anímico y físico. Nos causará gracia alguna carencia y no seremos tan dependientes de tener, para poder ser.
Estaremos mucho más en “estado natural” y entenderemos porqué – también en esto - asociamos nuestras salidas en moto con un poco más de libertad.