lunes, 26 de marzo de 2007

Editorial


UN POCO DE SAL Y PIMIENTA
Con una denominación que enfatiza según las creencias de cada uno (“Semana Santa” o “Semana de Turismo”) se aproxima uno de los períodos “institucionales” que resultan más caros a los uruguayos.
“Después de Semana de Turismo comienza el año” se dice muy a menudo, con un poco de vergüenza porque eso traduce que no hemos hecho demasiado en los primeros meses del año, y con un poco de orgullo porque cada uno siente que esa es una semana que descomprime todo el esfuerzo puesto en “arrancar” y que después sí, dedicaremos nuestra mejor disposición en avanzar en el proyecto de vida que cada uno eligió.
Por supuesto que no todos pueden gozar de la semana entera. Gran parte de la población seguirá sus tareas habituales y unos cuantos más saldrán a partir del jueves y otros – más sacrificados – sólo disfrutarán del fin de semana o parte de él. Pero cualquiera sea el caso, hay cierta ilusión familiera y amigable que despierta con inusual fuerza en esa semana.
Ya desde hace días muchos han programado su itinerario de viaje, que abarcará desde una salida a pocos kilómetros hasta grandes distancias dentro o fuera del país. Algunos se alojarán en hoteles, posadas, cabañas u otros establecimientos turísticos. Otros aprovecharán la casa del amigo, del pariente, o su propio refugio en algún punto de la República. Los más corajudos tendrán prontos los implementos de camping y una detallada lista de cosas para no olvidarse.
Espero que los menos estén pensando en cacerías, puesto que es algo fantástico disfrutar de la fauna viva y no asesinándola por placer.
Todo vehículo es revisado y preparado para la travesía. Entre ellos… nuestras motos. “Nuestras naves” como dice un amigo mío, brillándole los ojos.
Es entusiasmante hablar con diferentes amigos motociclistas y notar que el tono de su voz trasluce impaciencia y emoción. Están deseando salir nuevamente a la ruta.
Todos esperamos que nos haga buen tiempo, pero la lluvia o el viento no van a amilanar nuestra decisión de salir igual.
¡A cuidarse compañeros! Que volvamos todos de una pieza y con la alegría de haber sumado más vivencias que nos ayuden a enfrentar los retos del resto del año.
Dentro de uno o dos meses, cuando estemos en plena tarea cotidiana, casi nadie podrá entender la sonrisa que de pronto esbozaremos recordando lo vivido y pensando que ya no falta tanto para la próxima salida.
En cualquier caso, le habremos puesto un poco de sal y pimienta a nuestra existencia
¡Feliz Semana para todos!

martes, 13 de marzo de 2007

Editorial


LOS MOTO- ENCUENTROS

Los Moto-Encuentros son cada vez más frecuentes y variados. Ni que hablar de Brasil, por ejemplo, donde en cada región hay uno por semana y a veces más.
Se han constituido en un emprendimiento empresarial donde hay una organización entera itinerante, que se desplaza a cada uno de ellos.
Los comercios de artículos para motos y motociclistas, las opciones gastronómicas, los conjuntos musicales y artísticos, los equipos de acróbatas, constituyen – entre otros – grupos de personas que conocen muy bien el oficio de montar y desmontar exhibidores de mercaderías, escenarios, luces, expendios de bebidas, shows espectaculares, etc. Lo hacen en tiempo récord, con gran profesionalismo y cuidando la estética y limpieza del lugar.
Naturalmente cada grupo organizador le da un toque local a su propio encuentro, con su simbología, proyección de la ciudad anfitriona y hasta con el apoyo de autoridades gubernamentales locales.
Logran un éxito total en cada evento y son muchos miles de personas las que se acercan a vivir la fiesta.
En Uruguay, poco a poco, se van produciendo cada vez más frecuentes y mejor organizados acontecimientos de esta naturaleza.
A quienes no comparten nuestra pasión les resulta difícil comprender la motivación por la cual se hacen cientos de kilómetros para luego pasar dos o tres días reunidos alrededor de las motos.
“Pero ¿qué es lo que hacen?” “¿no se aburren de repetir lo mismo?”, son algunas de las preguntas que solemos escuchar.
No es fácil explicarles. No es sencillo que entiendan que la emoción comienza cuando – entre amigos – comenzamos a proyectar el viaje. Que nos gusta salir a la ruta escuchando a los motores lanzando al viento un grito de libertad. Que nos apacigua interiormente alejarnos de la rutina y los convencionalismos para enfundarnos en nuestros atuendos y devorar distancias hasta llegar a la meta.
Y al llegar, más amigos, tal vez algunos que no veíamos desde hacía un año, provenientes de diferentes lugares y estratos sociales, pero todos listos a compartir la música, algún trago y muchas sonrisas.
A extasiarnos largo rato con las novedades que en materia de vehículos siempre aparecen, los últimos modelos cuyas fotos habíamos visto en las revistas especializadas, pero también aquellos que el talento de verdaderos artistas los personaliza para convertirlos en únicos e irrepetibles; las motos antiguas restauradas y conservadas, como testigos de una historia que se sigue escribiendo y las motos de baja cilindrada que recorren distancias increíbles, demostrando el coraje y la perseverancia de sus conductores.
Los efectos de ese maravilloso cocktail de gasolina, motores, música, bullicio, distancias recorridas y amistad no es fácil de transmitir a quienes no han vivido la experiencia.
Simplemente me gustaría decirles que vale la pena.-

martes, 6 de marzo de 2007

Editorial


A CUIDARSE


El descenso del precio de las motos en nuestro medio, sobre todo de baja cilindrada y de origen chino, ha provocado un boom de ventas impresionante. Sólo para las fiestas tradicionales se estimó una venta de casi 90.000 motos. Si tenemos en cuenta que muchos de estos compradores habrán tenido una unidad usada que, a su vez, habrá ido también al mercado secundario, es obvio que existe una enorme cantidad de gente que se ha subido a una moto por primera vez y hoy está circulando.
No hablemos de algunos chicos de los delivery que, sencillamente, son suicidas buscando la muerte o una grave mutilación, centrémonos en la profileración de birrodados motorizados que hoy existe en nuestras ciudades.
De lo primero que parece no haber conciencia, es de la vulnerabilidad que implica ser uno mismo la carrocería del vehículo. Cantidad de motociclistas no usan casco (sobre todo en el interior de nuestro país) y ni que hablar de ropas adecuadas, que los protejan de una caída.
Cuando empecé a andar en moto, leí en una revista que la ropa es a un motociclista lo que el cinturón de seguridad a un automovilista y me pareció exagerado. Después que tuve una caída en que mis jeans quedaron reducidos a jirones y demoró casi ocho meses en irse el asfalto que había penetrado en la carne de mi pierna derecha, me convencí de que quien que había escrito aquello sabía de lo que hablaba.
Las maniobras en zigzag entre los autos, la imprevisión de que una mala maniobra hecha por otro vehículo nos puede llevar al suelo y que corremos serios riesgos de ser atropellados por los que vienen detrás, parecen ser cosas que no pasan por la mente de muchos motociclistas temerarios. La mayoría no tiene máquinas con potencia para “salir” en caso de necesidad, o con buenos frenos, que eviten una colisión. Nada de eso parece importarles. Estar montados en ese corcel de hierro y acero les da una falsa sensación de seguridad.
Es muy importante considerar también que existe una falta de respeto y desaprensión por parte de muchos automovilistas que no miden adecuadamente las consecuencias que puede acarrear para otra vida humana una maniobra realizada por ellos. Estoy aburrido de ver los inmaduros que se ponen a correr si los sobrepaso con mi moto, o de los que hacen “finitos” a motocicletas de baja cilindrada o bicicletas que circulan lenta, pero correctamente, por la derecha. Debemos estar preparados para el error del otro, que es un gigante rodeado de una coraza metálica en contra de nuestra osamenta. Ni los más fuertes son inmunes. Arnold Sachwarzenegger tuvo un accidente cuando conducía su Harley Davidson en enero pasado. Había dicho “Tengo una Harley, y si mi caigo, no tengo miedo de que me duelan los músculos” Como comentó luego un periódico español, no dijo nada de su boca, en la que tuvo que recibir quince puntos. Es notoria la fortaleza física de Arnold, llevaba puesto el casco, iba en una moto de gran solidez , el accidente fue a baja velocidad y la culpa la tuvo el otro. ¿Qué me cuentan?
En este comienzo del año ha habido varios accidentes graves que han involucrado a motos. Algunos con saldo fatal y no siendo los motociclistas los culpables.

Andar en motocicleta es fantástico pero de por sí, ya encierra un riesgo mayor que andar en otros vehículos con mayor protección. Recordémoslo y pongamos cuidado, no sólo por lo que podamos hacer nosotros sino por lo que puedan hacer los demás.