lunes, 23 de julio de 2007

Editorial

CASCO OBLIGATORIO Y HOMOLOGADO
Ya no existen dudas de que el uso de casco por el motociclista es imprescindible para la salvaguarda de su integridad física y de su vida.
La Dirección General de Tráfico española ha realizado estudios que comprueban:
a) que el uso de caso reduce un 30% la posibilidad de sufrir lesiones mortales tras un accidentes de moto;
b) que no llevarlo puesto aumenta un 40% las posibilidades de lesiones craneales graves.
A pesar de tan contundentes evidencia, en varios Departamentos del Uruguay, se sigue discutiendo sobre su obligatoriedad y un gran número de motociclistas se resiste a usarlo.
Uno de los argumentos que se esgrimen para esta oposición es que es innecesario cuando se circula a baja velocidad o se hacen paradas frecuentes, sobre todo en la ciudad. Este es un mito que también ha resultado destruido por la evidencia. En efecto, la misma DGT española ha comprobado que, por el contrario, el peligro de sufrir lesiones en la cabeza cuando se circula en ciudad se eleva, aunque se circule a baja velocidad. Es que en la ciudad existen una enorme cantidad de elementos contra los que puede golpearse la cabeza del motociclista en una caída: cordones de las veredas, paradas de los omnibuses, contenedores y cestas de residuos, columnas de alumbrado, otros vehículos estacionados, etc.
No obstante, como se ha dicho, hay resistencias de parte de la población, a aceptar su obligatoriedad. No tenemos dudas de que, aunque pueda resultar una medida parcialmente impopular, los gobiernos departamentales – todos – deben exigir el uso obligatorio de caso a los motociclistas, cualquiera sea la cilindrada del vehículo. Pero ello no basta.
Existen, al menor, 4 clases de cascos: los abiertos, que, a su vez pueden dividirse en tipo jet, semijet, o “casquinho”; los integrales o “cerrados” (que son los más seguros), los modulares o rebatibles (que son integrales que permiten un movimiento hacia arriba en la zona del mentón o en el frente) y los “motocross” que tienen visera, no tienen pantalla y tienen la parte del mentón adelantada. Estos últimos cascos son para usar en condiciones extremas de competición por lo que deben ser complementados con lentes o antiparras, para proteger los ojos.
Todos estos cascos reciben, en la mayoría de los países, una homologación que certifica que son aptos para proporcionar seguridad al usuario. En España el código para esta homologación es E9 y los tipo “casquinho” ( o “quitamultas”) están homologados sólo para ciclomotores y no son muy seguros. Muchos municipios de Brasil no aceptan este tipo de cascos para circular y varios amigos que habían comprado unos, se llevaron la sorpresa de ser multados por usarlos en el hermano país del norte.
Aquí, en Uruguay, ya vimos que en muchos lugares no es obligatorio el casco. Pero en los lugares que sí lo es, vale todo.
Mucha gente no ha comprendido la importancia del casco para protegerse y por lo tanto opta por comprar aquellos de más bajo precio que, como es obvio, son los que menos seguridad proporcionan. Al no haber exigencias de homologación, se puede usar cualquier cosa y, por lo tanto, muchos de los cascos comercializados en plaza evitarán la multa, pero no protegerán adecuadamente a aquel que los usa en caso de accidente.He visto muchos choques y caídas de motociclistas en que los cierres o el mismo casco no han respondido de la manera que tienen que hacerlo y los resultados han sido trágicos.
Las autoridades deben exigir – cuanto antes – el uso del casco obligatorio y todos los cascos que se comercialicen deberán contar con una homologación que certifique que cumplen adecuadamente su finalidad.Tenemos un organismo certificador de la calidad por excelencia, que es el LA.T.U. (Laboratorio Tecnológico del Uruguay), que bien podría cumplir con esta función.
Las vidas salvadas generalmente no figuran en ninguna estadística, pero las vidas perdidas y las lesiones cerebrales serán menos.

jueves, 12 de julio de 2007

Editorial

EL EQUIPAJE

La moto tiene alma de mochilera.
Estamos sumergidos en un mundo que se desespera por tener el último modelo de celular, el último modelo de DVD, el último modelo de televisor. Ninguna pareja piensa en casarse sin tener la casa propia, el auto propio y ni qué hablar del equipamiento de la casa. Se terminó aquello de quienes comenzaban esa fantástica aventura de vivir juntos con una cantidad de carencias y con un montón de muebles comprados en un remate, para luego, de a poco, ir completando el hogar con las cosas a lo que aspiraban. Es que también la lucha por alcanzarlas formaba parte del proyecto en común.
Hemos confundido tener con ser y nos parece que somos más si tenemos más. Para algunos eso será verdad hasta que, enfrentados a la despedida final, se den cuenta que así como no trajimos nada cuando vinimos, no nos podremos llevar nada – material claro – cuando nos vayamos.
Esa deformación hace que decenas de veces hayamos llenado nuestras maletas con cosas que ni usamos ni necesitamos en nuestros viajes. Ni que hablar si la travesía es en auto. Iremos incómodos pero pondremos una cantidad de cosas que lo único que harán será ir y volver con nosotros.
Eso no le pasa al mochilero. No le pasa al ciclista transumante, ni tampoco le pasa al motociclista.
Antes de empezar el viaje deberá meditar seriamente lo que va a llevar porque la limitación del espacio le obligará a ello.
Es cierto que muchas motocicletas tienen la posibilidad de ser equipadas con amplias maletas, pero siempre habrá una limitación de espacio.
Ni que hablar si vamos acompañados, porque allí deberemos compartir las posibilidades con nuestro acompañante. Si éste es nuestra novia, esposa o compañera, ya arrancaremos perdiendo porque, es obvio, las damas siempre necesitan más vestimenta y accesorios que nosotros.
Pero lo importante no es nuestra preocupación al arrancar, sino nuestra satisfacción durante el viaje. Allí nos daremos cuenta que nos arreglamos perfectamente con lo que conseguimos llevar y que, en realidad, no necesitábamos más.
En compensación, en lugar de todas las molestias que ocasiona llevar un equipaje excesivo, tendremos más tiempo disponible para apreciar el paisaje, para gozar de un atardecer o para admirar el esplendor de una luna llena.
Sentiremos que es menos importante lo accesorio que nuestro bienestar anímico y físico. Nos causará gracia alguna carencia y no seremos tan dependientes de tener, para poder ser.
Estaremos mucho más en “estado natural” y entenderemos porqué – también en esto - asociamos nuestras salidas en moto con un poco más de libertad.