MEJOR EN MOTOHacer viajes largos en moto tiene sus incomodidades. A la escasez de equipaje, se suma la gran exigencia física que esos viajes implican. Los rigores climáticos se sienten mucho más en el organismo, las posibilidades de cambiar de postura son muy limitadas y el estado de los caminos repercute mucho más directamente en nuestros organismos. La lluvia, la niebla, los insectos que se estrellan en el visor del casco, sin tener limpiaparabrisas, etc. son de las muchas cosas que el motociclista sabe que va a enfrentar cuando decide una travesía prolongada. Ya hemos destacado, en otros artículos como algunas de esas desventajas se convierten en ventajas, como se aprecia mucho más el paisaje y como la moto da esa sensación de libertad y aventura que son impagables. Uno es propietario absoluto de los horarios, de si “sigo o me detengo aquí” y salvo los controles naturales que existen en las rutas por parte de las autoridades rodoviarias, uno siente que su poder de decisión es mucho mayor en cada cosa. Esto viene al caso por lo que me ha sucedido recientemente al tener que volar al hemisferio norte. Para empezar, ninguno de los vuelos salió en hora, lo que ya es una gran molestia. Mucho más lo es cuando después de embarcar, en uno de los casos, nos hicieron esperar dos horas sentados dentro del avión, con más de 30 grados centígrados de temperatura y sin ofrecernos ni siquiera un vaso de agua. Otra tortura son las “medidas de seguridad”. Naturalmente, uno entiende que éstas existan y hasta las agradece, siempre y cuando sean racionales. Algo típico sucedió cuando embarcamos en Estados Unidos, nos revisaron exhaustivamente, nos hicieron sacar los zapatos, cinturón, etc. Después de pasar los pórticos de seguridad y estando en la sala de embarque, unas funcionarias hicieron nuevas revisaciones de algunos pasajeros al azar. Ya se sabe que ahora no se puede viajar con líquidos o cremas, salvo hasta una pequeña cantidad, que debe ir guardada en bolsas de “zip lock”, etc. Si se compra whisky en el free shop, hay que pasarlo al equipaje despachado, a riesgo de que se lo decomisen, etc. Llegados a Sao Paulo, había que hacer cambio de avión y, teniendo ya las tarjetas de embarque y el equipaje despachado, en lugar de hacernos embarcar directamente desde una “trompa” a otra, nos hicieron entrar al aeropuerto con el equipaje de mano para ser sometidos a nuevos controles que terminan irritando a todo el mundo. Mas vale no hacer comentarios sobre las condiciones en que se viaje en clase económica. Los asientos apenas se rebaten, lo que en un viaje de una hora puede soportarse, en uno de más de ocho es mucho más torturante que la moto. Las comidas y bebidas son escasas y de una increíble mala calidad, el humor de azafatas y sobrecargos raramente es el mejor y es muy probable que demos con un bebé cerca que llorará y gritará toda la noche para que no podamos descansar. Siempre pensé que por viajar con bebés o gente escandalosa, el sufrido pasajero normal debería tener un descuento. Hace poco en el New Herald salió un artículo de Terre Napi contando como demoró 87 horas para poder volver de New York a Fort Lauderdale. Los detalles son de un increíble maltrato al pasajero. A raíz de ese artículo, el mismo diario publicó en la portada un despacho de EFE que dice así :”Las aerolíneas con la peor puntualidad en 13 años”, agregando: “Entre enero y julio, sólo el 72,65% de los vuelos llegaron en hora” El Departamento de Transporte de los EE.UU recibió, en ese lapso, 1.094 quejas de los consumidores. Imagínense que si esto sucede en los Estados Unidos, ¡lo que deberá ocurrir por estos lares! Para empezar, a mi señora le abrieron la valija y le robaron varias de las cosas que llevaba dentro, entre ellas, los perfumes y cremas que prohíben llevar en el equipaje de mano. Decididamente han hecho de los aeropuertos y aviones una gigantesca máquina de tortura. Mientras pueda y a pesar de los inconvenientes que mencioné al comienzo, es mucho mejor viajar en moto.