
“IMBÉXILES” 2
¡Cuánto mucho más fácil sería la convivencia con un poco más de respeto y consideración por los demás!
Seguramente no descubrí la pólvora diciendo esto, pero hace tiempo que creo que el Uruguay tiene un nuevo lema: “Por la izquierda... y entorpeciendo”.
Salgo de mi casa, pero no por Arenales como en “Balada para un loco”, sino por Avenida Italia hacia el centro. Esta avenida, para quién no conozca Montevideo, es una de las únicas dos vías de acceso que, desde el Este, tiene la ciudad. Hace muchos años que es así. Demasiados.
Pienso en la evolución que ha tenido en los últimos quince años, por ejemplo Santiago de Chile, y no dejo de sentir una gran envidia.
Montevideo no sólo no ha hecho una gran obra que ayude a la circulación por un cinturón perimetral, como tienen casi todas las ciudades modernas. Ni siquiera la tiene proyectada.
Seguramente se esperará llegar al colapso para tomar las decisiones. Así son las cosas.
El hecho es que todo el que por allí circula tiene que sufrir una travesía que no cambia mucho si, en lugar de ello, lo hiciera por la Rambla (avenida costanera).
Los semáforos sin coordinación de Avenida Italia, se compensan con las cebras que interrumpen el tránsito de cientos de autos por la Rambla, cuando a un señor se le ocurre cruzar para pasear a su perro por la playa.
Todo un tema, que alguna vez trataré más extensamente: el caos en el ordenamiento del tránsito en nuestra ciudad. Es de Fellini, créanme.
Pero, refirámonos ahora a los conciudadanos que colaboran con las autoridades para complicarnos aún más la vida:
“IMBÉXIL” 1 – El señor/la señora (casi siempre esta última) tienen todo el tiempo del mundo. Pero no les gusta circular por la derecha, por lo que va lento y por la izquierda.
A veces hablando por celular, a veces conversando con el acompañante dando vuelta la cabeza para mirarlo, desatendiendo el tránsito y, cuando no, acomodándose la cabellera, que es para lo único que usa el espejo retrovisor.
Detrás de él/ella una larga fila de vehículos trata, infructuosamente, adelantar.
“IMBEXIL” 2 – Es una variante del anterior, con la diferencia de que puede ir por cualquier senda. Casi con seguridad que por la nuestra y adelante.
Un poco más allá se ve claramente el semáforo. Ha cambiado a verde y se puede avanzar y cruzarlo antes de que cambie. El/la “imbéxil”, en lugar de apurarse comienza a enlentecer la marcha, ante nuestra desesperación. “¡Dale!” “¡Cruzá de una vez!” Es lo que comenzamos a pensar y luego a gritar nosotros. Pero es inútil. El/la “imbéxil” ha logrado su propósito: no llegar al semáforo antes de que cambie nuevamente. O lo que es peor, llegar justo cuando cambia a amarillo con lo cual, él/ella pasa y nosotros nos quedamos clavados en el cruce.
“IMBÉXIL” 3 – Puede ser el/la mismo/a del caso anterior, pero hay otros/as. Llegamos a un semáforo en rojo y detenemos la marcha. Delante nuestro hay otro vehículo. Esperamos. Finalmente la luz cambia, pero el vehículo de adelante no se mueve. Pasan unos interminables segundos durante los cuales los coches de las otras sendas avanzan y el/la “imbéxil” nos mantiene inmovilizados, esperando. Finalmente, con toda parsimonia, reanuda la marcha.
“IMBEXIL” 4 – Con éste/a seguramente nos encontraremos cuando debemos retirar los resultados de un análisis en un laboratorio o hacer un depósito de apuro en algún banco.
Increíblemente entre dos entradas de garages hay un espacio lo suficientemente grande para que estacionen dos vehículos. ¡Caramba! Vemos que un vehículo ha iniciado la maniobra para estacionar. “No importa”, pensamos, “hay lugar para los dos”. ¡Qué iluso! El/la “imbéxil” no manejan nada. ¿Entienden? NADA. Por lo que, luego de una serie de torpes maniobras logran colocar el vehículo ¡justo en el medio! De nada sirven nuestros bocinazos ni nuestras señas. Tampoco la mirada comprensiva de algún cuidador de coches que se ha acercado. No queda lugar para otro vehículo y deberemos seguir buscando.
Da para más y en otro momento la seguimos.
Mientras tanto. ¿No saben de nadie que venda algún bazooka? ¿Y un lanzamisiles? No me digan que no se lo imaginaron alguna vez.
¡Cuánto mucho más fácil sería la convivencia con un poco más de respeto y consideración por los demás!
Seguramente no descubrí la pólvora diciendo esto, pero hace tiempo que creo que el Uruguay tiene un nuevo lema: “Por la izquierda... y entorpeciendo”.
Salgo de mi casa, pero no por Arenales como en “Balada para un loco”, sino por Avenida Italia hacia el centro. Esta avenida, para quién no conozca Montevideo, es una de las únicas dos vías de acceso que, desde el Este, tiene la ciudad. Hace muchos años que es así. Demasiados.
Pienso en la evolución que ha tenido en los últimos quince años, por ejemplo Santiago de Chile, y no dejo de sentir una gran envidia.
Montevideo no sólo no ha hecho una gran obra que ayude a la circulación por un cinturón perimetral, como tienen casi todas las ciudades modernas. Ni siquiera la tiene proyectada.
Seguramente se esperará llegar al colapso para tomar las decisiones. Así son las cosas.
El hecho es que todo el que por allí circula tiene que sufrir una travesía que no cambia mucho si, en lugar de ello, lo hiciera por la Rambla (avenida costanera).
Los semáforos sin coordinación de Avenida Italia, se compensan con las cebras que interrumpen el tránsito de cientos de autos por la Rambla, cuando a un señor se le ocurre cruzar para pasear a su perro por la playa.
Todo un tema, que alguna vez trataré más extensamente: el caos en el ordenamiento del tránsito en nuestra ciudad. Es de Fellini, créanme.
Pero, refirámonos ahora a los conciudadanos que colaboran con las autoridades para complicarnos aún más la vida:
“IMBÉXIL” 1 – El señor/la señora (casi siempre esta última) tienen todo el tiempo del mundo. Pero no les gusta circular por la derecha, por lo que va lento y por la izquierda.
A veces hablando por celular, a veces conversando con el acompañante dando vuelta la cabeza para mirarlo, desatendiendo el tránsito y, cuando no, acomodándose la cabellera, que es para lo único que usa el espejo retrovisor.
Detrás de él/ella una larga fila de vehículos trata, infructuosamente, adelantar.
“IMBEXIL” 2 – Es una variante del anterior, con la diferencia de que puede ir por cualquier senda. Casi con seguridad que por la nuestra y adelante.
Un poco más allá se ve claramente el semáforo. Ha cambiado a verde y se puede avanzar y cruzarlo antes de que cambie. El/la “imbéxil”, en lugar de apurarse comienza a enlentecer la marcha, ante nuestra desesperación. “¡Dale!” “¡Cruzá de una vez!” Es lo que comenzamos a pensar y luego a gritar nosotros. Pero es inútil. El/la “imbéxil” ha logrado su propósito: no llegar al semáforo antes de que cambie nuevamente. O lo que es peor, llegar justo cuando cambia a amarillo con lo cual, él/ella pasa y nosotros nos quedamos clavados en el cruce.
“IMBÉXIL” 3 – Puede ser el/la mismo/a del caso anterior, pero hay otros/as. Llegamos a un semáforo en rojo y detenemos la marcha. Delante nuestro hay otro vehículo. Esperamos. Finalmente la luz cambia, pero el vehículo de adelante no se mueve. Pasan unos interminables segundos durante los cuales los coches de las otras sendas avanzan y el/la “imbéxil” nos mantiene inmovilizados, esperando. Finalmente, con toda parsimonia, reanuda la marcha.
“IMBEXIL” 4 – Con éste/a seguramente nos encontraremos cuando debemos retirar los resultados de un análisis en un laboratorio o hacer un depósito de apuro en algún banco.
Increíblemente entre dos entradas de garages hay un espacio lo suficientemente grande para que estacionen dos vehículos. ¡Caramba! Vemos que un vehículo ha iniciado la maniobra para estacionar. “No importa”, pensamos, “hay lugar para los dos”. ¡Qué iluso! El/la “imbéxil” no manejan nada. ¿Entienden? NADA. Por lo que, luego de una serie de torpes maniobras logran colocar el vehículo ¡justo en el medio! De nada sirven nuestros bocinazos ni nuestras señas. Tampoco la mirada comprensiva de algún cuidador de coches que se ha acercado. No queda lugar para otro vehículo y deberemos seguir buscando.
Da para más y en otro momento la seguimos.
Mientras tanto. ¿No saben de nadie que venda algún bazooka? ¿Y un lanzamisiles? No me digan que no se lo imaginaron alguna vez.