lunes, 22 de setiembre de 2008

Editorial

UNA TRAGEDIA TERRIBLE Y
UNA ENSEÑANZA
“Comento esto porque lo viví muy de cerca y realmente me afecta muy profundo. No cometamos el error de pensar que esto no me va a pasar a mí.
Muchas veces ponemos en riesgo nuestras vidas y la de otros incitándolos a correr más lejos de los límites de cada uno.
Me siento en parte, responsable, por la vida de esta persona ya que quizás por una acción mía de acelerar un poco de más, induje a mis compañeros a hacer lo mismo con el resultado de un trágico suceso.
César González, 35 años, esposo y padre de dos criaturas de 3 y 7 años. Lo conocí la mañana del 20 de setiembre del 2008, menos de 24 horas después yace en el cementerio del Buceo. Da para pensar que las últimas palabras que crucé con él esa mañana antes de ponernos el casco serían sus últimas.
Yo tuve un accidente menor y sé que en el instante del accidente que es menos de un segundo, te pasan por la cabeza miles de pensamientos y todos son sobre tu familia. Creo saber que el último sentimiento de César es el dolor de no poder despedirse por última vez de sus hijos y seres queridos.
Espero aprender de esta vivencia y que todos lo hagamos... Nosotros somos responsables de todo el grupo y lo importante es ir y volver sanos y poder reencontrarnos con nuestros seres queridos... la velocidad no nos va a hacer mejores personas.
Un abrazo al compañero César y a todos”

Este conmovedor mail que recibí de mi amigo Fernando en el día de hoy, nos hará pensar bastante a todos.

César Andrés González, viajaba con un grupo de amigos en su Yamaha 1.000cc. para participar en un encuentro motociclístico en Punta del Este. Al llegar al kilómetro 93 de la ruta Interbalnearia, perdió el control de la moto que, luego de impactar contra un poste de hormigón cayó en la parte baja de un terraplén, sobre la vía férrea.
Este joven colega murió instantáneamente a raíz de las lesiones recibidas.
Todos los que sentimos la pasión de las dos ruedas nos acongojamos por la noticia. Las palabras de Fernando, testigo presencial del hecho, son por demás elocuentes.Las motos y la velocidad pueden cobrarse su precio en un instante. A veces, como en este caso, el precio es demasiado caro.No conocimos a César, pero es como si lo hubiéramos hecho. Espero que se sume a la legión que, desde otros espacios, cuida por nosotros.Pero como dice Fernando en una frase que no olvidaré, “la velocidad no nos va hacer mejores personas”.
Aunque a veces la excitación y la emoción de enroscar el puño un poco más nos incite y nos llame, pensemos en todo lo que podemos dejar atrás.
Que imaginar la tristeza y el vacío que podamos dejarle a nuestros seres queridos, nos haga ser más prudentes.
A los familiares y amigos de César el más afectuoso saludo de apoyo y solidaridad de las Águilas Charrúas.