viernes, 3 de abril de 2009

Editorial


LOS PASOS DE FRONTERA

El sentido integracionista de los mercosurianos da lástima.
Se supone que el Acuerdo de Recife, de alcance parcial para la facilitación del comercio, suscrito en el año 2000, establecía la creación de los controles integrados, migratorios y aduaneros, para los países miembros del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Referido al tránsito de las personas nacionales entre los países y, salvo excepciones (algunos pasos con la Argentina en los puentes y en tránsito pluvial Montevideo-Buenos Aires, Colonia-Buenos Aires, etc) aún seguimos con ejemplos increíbles de entorpecimientos y molestias.
A la entrada de Rivera funcionaban juntas las oficinas de Migración uruguaya y la brasileña. A esto había que agregar el paso por las Aduanas de los dos países que quedan en otros lugares, en las afueras de Rivera y de Santa do Livramento. Si todo estuviera en un local, las molestias serían mucho menores. Hacer como se hace en el pasaje de Salto-Concordia: cuando uno cruza desde Uruguay a Argentina, las dos autoridades están del lado uruguayo y hacen los controles. Cuando uno cruza desde Argentina a Uruguay, el control unificado se hace del lado argentino. ¿Simple, no? Bueno, en determinado momento Brasil sacó a Migraciones del local donde funcionaba junto con la oficina uruguaya y la llevó bien adentro de Santa Ana do Livramento, lo que hace que el viajero que va por vía terrestre en auto o moto, deba detenerse en 4 lugares diferentes para hacer 4 trámites.
En Chuy-Chuí, es lo mismo. Donde funcionaba Aduanas Brasileña lo hacía también Migraciones, por lo que había que hacer dos paradas. Una para el control uruguayo de Migración y Aduanas y otra para el control brasileño de Migración y Aduanas. Por una genialidad burocrática, el control brasileño de Migración se trasladó a una sede de la Policía Federal ubicada en Santa Vitória do Palmar. ¡Bien adentro de Santa Vitória! Una calle principal llena de lomadas más la tradicional “agilidad” de los funcionarios brasileños de la Policía Federal asegura que el viajero pierda entre 20 y 40 minutos de forma totalmente innecesaria.
Parece ser que esta aberración se iba a corregir a partir del día de hoy, en que Migraciones iba a ser trasladada de nuevo a su antigua ubicación, junto a la Aduana brasileña, en las afueras de Chuí (Brasil). O sea, de adelante para atrás y de atrás para adelante.
¡Qué poco criterio! ¡Qué atropello a la razón!
Esta agresión gratuita de la burocracia y de la incapacidad política a los ciudadanos comunes no debería existir.
Todavía después tenemos que soportar los grandilocuentes discursos de las cumbres presidenciales acerca del espíritu de integración de los pueblos latinoamericanos.
¡Menos palabrerío y más cosas prácticas para facilitarle la vida a la gente, señores!
Puede ser que así todos nos tomemos esto de la integración más en serio.