ESA SEÑORA TAN OLVIDADA: LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL Quienes creemos en el individuo como el fin supremo y último, también afirmamos que la contrapartida del libre albedrío es asumir la responsabilidad por los actos y omisiones propias.
Pero, en este mundo cojitranco en el que vivimos, nadie es responsable de nada.En el caso de malos resultados o de la ausencia de éstos, la culpa siempre es de otro. Nunca propia.
Abundan los ejemplos, pero para no irnos por las ramas, refirámos al tránsito y al control del mismo. Si alguien tiene un choque, ¿qué es lo más usual de escuchar cuando preguntamos qué pasó?, la respuesta que gana lejos es "¡Me chocaron!". La que menos se escucha es "Choqué y tuve la culpa yo".
Si se le pregunta a alguna autoridad municial por qué el tránsito es un caos, cada vez más lento y trabado, el catálogo de respuestas es parecido: "los gobiernos anteriores...", "la escasez de funcionarios...", "la falta de presupuesto, etc." Nunca se escuchará: "nuestra falta de gerenciamiento" o "nuestra lentitud para realizar cambios..." ¡Faltaba más! ¡Sería como hacerse el hara-kiri delante de las cámaras de televisión!
Entonces, unos señores muy adustos que seguramente se estudian el personaje antes de salir de su casa, lo multarán hoy o mañana por: no llevar puesto el cinturón de seguridad, circular sin haber encendido las luces del vehículo, por exceso de velocidad (sobre todo si son las dos de la mañana y por la avenida no anda ni un alma), por pasarse una luz amarilla en un cruce, por hablar por el celular conduciendo o por parar unos minutos en doble fila.
Lo más probable es que eso le pase si anda por la Rambla o por alguna calle del centro o la ciudad vieja, siempre que usted sea un ciudadano de clase media, de esos nabos de siempre que paga sus impuestos, que tiene un vehículo más o menos normal ( y la probabilidad aumentará en forma directamente proporcional al valor del mismo), que utiliza el vehículo para trabajar y aunque la infracción no haya puesto en riesgo la vida ni la integridad de nadie.
Emboscados y al acecho, ellos serán inflexibles y después del aplicarle el código lo dejarán a usted con unos cuantos grados más que la temperatura ambiente.
No porque lo que acabamos de señalar como ejemplos no sean infracciones y no merezcan ser sancionados, sino porque usted está podrido de ver cómo los ómnibus de transporte colectivo se agarran todo el ancho de 18 de Julio haciendo cualquier barbaridad; cómo algunos taxímetros se estacionan en cualquier lado, cuando se les da la gana, para dejar o levantar pasajeros; cómo los carritos paran frente a los contenedores, pero del lado de la calle y dejan un angosto pasaje que estrangula el tránsito de los que intentan pasar; cómo las bicicletas y muchas motocicletas van a contramano por cualquier calle o por encima de la vereda y usted tiene que andarlas esquivando.
Usted está harto de que, lejos del centro, por el Cerro, Piedras Blancas, Punta de Rieles, Paso de la Arena y otros barrios, el catálogo de "cosas" que andan circulando y que alguna vez pudieron llamarse vehículos, nunca pasaron ni por la esquina de donde se hacen las inspecciones vehículares, no tienen ni sombra del autoadhesivo que indica que cumplen con la contratación obligatoria del seguro contra terceros, no tienen luces de freno y a veces directamente no tienen luces, son un riesgo cierto y tangible para la vida de la gente sin que pase nada.
Usted está harto de que, lejos del centro, por el Cerro, Piedras Blancas, Punta de Rieles, Paso de la Arena y otros barrios, el catálogo de "cosas" que andan circulando y que alguna vez pudieron llamarse vehículos, nunca pasaron ni por la esquina de donde se hacen las inspecciones vehículares, no tienen ni sombra del autoadhesivo que indica que cumplen con la contratación obligatoria del seguro contra terceros, no tienen luces de freno y a veces directamente no tienen luces, son un riesgo cierto y tangible para la vida de la gente sin que pase nada.
Una ceguera selectiva se ha apoderado de estos guardias de tránsito que, a pesar de las poses que adoptan no se han sabido ganar ni el respeto ni la consideración de la población. Demostrativo de esto es lo que el lenguaje popular utiliza para denominarlos: "chanchos", "ratas" y otras linduras. ¿Es de ellos la culpa? Creo que en parte sí, pero mucho más culpa es de quién no les imparte instrucciones para que el control se haga en forma igualitaria y donde una pretendida pobreza no sirva de excusa para evadir la norma. Ni la pobreza de un carrito o de un auto destartalado ni la presión del sindicato o la cooperativa que están atrás del ómnibus o del taxi.
Así, cada uno sería más responsable de sus propios actos, pero un marco de justicia y no de una discriminación irritante que nada arregla, que nada corrije, que nada ordena.
A propósito, además de multando, sería bueno verlos alguna vez, colaborando para destrancar un embotellamiento, deteniendo a un conductor inepto para educarlo o demorando a un imprudente para darle una lección que no sea sólo pecuniaria. Tal vez, si comenzaran a actuar de esta manera, se ganarían legítimamente la dignidad que su función merece y que no se alcanza con usar lentes oscuros o adoptar postura de gallo.