¿EL CONTROL DEL TRANSITO ES HEMIPLÉJICO?
Hice un gesto de fastidio cuando, por undécima vez apareció en el noticiero televisivo el jerarca de la dependencia pública (una más) encargada del control del tránsito.
Aburridoramente una vez más se anunciaban los rigurosos controles en cuanto a los niveles del alcohol en los conductores, pregonándose una "tolerancia cero" para cualquier infracción en este sentido.
Obviamente, no es que me parezca mal que se controle y se sancione a quienes conduzcan afectados por el alcohol, si bien me parece un exceso que no se pueda manejar después de haber bebido dos cervezas, una copa de vino o champagne o un whisky, por dar algún ejemplo.
Pero siempre veo que los controles se realizan sobre conductores de vehículos particulares, fundamentalmente aquellos que tuvieron la mala idea de salir a divertirse un viernes o sábado de noche tarde o de madrugada.
¿Saben ustedes a cuántos conductores de ómnibus, camiones, camionetas, taxis, remises, vehículos oficiales y otros similares se ha sancionado o retirado el carnet de conducir por estas causas?
¿Conocen cuántos carritos tirados por caballos han sido retirados de circulación por esa misma razón?
Yo no lo sé y tampoco los locuaces y televisivos jerarcas se refieren a ello.
Pensemos ahora en cuántas otras personas no han bebido, pero están bajo el efecto de estimulantes, anfetaminas, marihuana, cocaína, heroína y otros tipos de sustancias tóxicas. ¿No pueden ser más peligrosos que quién bebió una o dos copas de alcohol? ¿Se les controla?
Pero, además, si la severidad con los particulares es cada vez mayor. ¿No debería serlo también con todos los funcionarios y reparticiones públicas que no cumplen con sus obligaciones para prevenir accidentes?
¿Cuántas obras en la vía pública están debidamente señalizadas como marca la reglamentación?
¿Cuántos cordones de canteros centrales se encuentran debidamente pintados reflectivamente para advertir de su presencia al conductor?
¿Cuántas "cebras" o cruces peatonales se encuentran debidamente indicados y pintados?
¿Cuántas esquinas peligrosas cuentan con el alumbrado público adecuado para el riesgo que significan?
¿ Qué medidas de control se realiza respecto a bicicletas, otros birrodados y vehículos de tracción o sangre o animal que circulan sin luces o en contravención a las reglas del tránsito?
¿Cuántos vehículos circulan sin estar en las mínimas condiciones técnicas de hacerlo?
¿Por qué no se exige el seguro obligatorio y sanciona su carencia?
¿Cuántos refugios peatonales o "paletas" publicitarias o contenedores de residuos han sido debidamente emplazados de forma de no obstaculizar o directamente impedir la visibilidad de quién va a realizar un cruce para advertir la proximidad de otro vehículo?
¿A cuántos funcionarios o jerarcas municipales se ha sancionado porque si caen dos gotas algunos semáforos dejan de funcionar por no tener el mantenimiento adecuado?
A estas preguntas no responden los reiterados entrevistados.
Todos estos factores deberían ser atendidos, pero no lo son.
Todos estos problemas deberían ser motivo de preocupación y ocupación de los recurrentes protagonistas del noticiero televisivo.
Muchos de estos aspectos implican un peligro mucho mayor que quién tomó un mínimo de alcohol.
No obstante, parece ser que la acción represiva se limita al mencionado tema del alcohol, al exceso de velocidad, al uso del celular o al estacionamiento indebido.
Un enfoque fácil y hemipléjico del control, sin encarar todo el tema en forma global y seria.